8.4.06

DIBUJAR SONRISAS A LAS NUBES


Decir adiós, sea en palabra o en papel, siempre es duro y difícil. Plasmar el recuerdo y la despedida no lo es menos, queda amortiguado por el consuelo del afecto, del homenaje que hoy le tributamos a Ana Pérez, mujer llena de vida, artista que llenó papeles y sueños con sus manos, con sus trazos, con sus cuadros.

Compañera de compañeros, formó parte de la Asociación de Artistas Plásticos Goya-Aragón durante unos años para seguir después distintas rutas plásticas y vitales.

Hoy desde la inesperada distancia nos falta su risa, su complicidad, su alegría, su compañía en las inauguraciones, en las pinceladas, en los encuentros.

Nos deja su recuerdo y su obra. Y además, rememorando "Casablanca", siempre nos quedará París, en nuestra memoria destella el viaje a la capital de la luz, en Mayo del 97 siguiendo los pasos del Aniversario de Goya en la muestra colectiva de la Asociación en Belville, en su Ayuntamiento, los paseos, los cuadros, las prisas, los francos, el olor a óleo y aguarrás. Tantos momentos, únicos, irrepetibles.

El carboncillo deslizándose breve y certero por el papel que la envolvía y atrapaba sus sombras, sus personajes, el propio universo de su obra, sus matices, la estela de su cometa personal, que sin darnos cuenta se iba despacio, se escapaba entre los dedos de su propia vida.

Pero estamos seguros de que desde donde esté lo comprende todo y con un guiño cómplice sigue dibujándoles sonrisas a las nubes.

Desde esta Asociación, con el apoyo del Ayuntamiento de Zaragoza y la inestimable colaboración de Pilar Moré, rendimos un cálido y merecido Homenaje a esta mujer, a esta artista, Ana Pérez que ha formado parte imprescindible de nuestras vidas y de nuestra Asociación.

©Ángela Ibáñez
Presidente
Asociación de Artistas Plásticos Goya-Aragón

DIBUJAR SONRISAS A LAS NUBES.
Texto para el catálogo de Ana Pérez, in memoriam
Exposición Homenaje.
Sala de Exposiciones Artistas Plásticos Goya-Aragón.
Zaragoza. 3 Abril al 4 de Mayo 2006

29.1.06

LA PIEDRA, ESENCIA DE SUEÑOS

LA PIEDRA, ESENCIA DE SUEÑOS

La escultura es una forma de trascender el espacio a través de la forma, el volumen ocupado primero por la mente que la diseña y luego por la materia que gracias a la mano de hombre, creador creado, la ocupa y la habita.

José Casamayor es un escultor de la materia, de la piedra que atrapa y transforma con sus manos, con sus sueños. La piedra de Calatorao, oscura, dúctil en su buril, cobra fuerza y torsión, una tensión permanente que se mantiene en toda su obra, en las cuerdas que crecen y sujetan el aire y la mirada, que aúnan la fragilidad de lo vertical con la fortaleza del yunque y lo que fragua.

El escultor que mete los brazos en las entrañas de la piedra, buscando la esencia de sus sueños, que funde sus músculos y su sudor con los brillos de las texturas que abre y despierta, su pulso y sus dedos arrancan la materia y la desangran en un parto estético del nuevo ser. Una nueva pieza que vive con los nervios templados de su creador, con las venas y arterias; las velas, las fibras que ha arrancado a la piedra, respetando su vida, su alma. Este creador que rompe, arranca la esencia de la piedra para poblar de nuevos seres, nuevas figuras la realidad. Piezas que defienden la fragilidad de su esencia con blindajes, petos rematados con tornillos; con armaduras que protegen los secretos de su intimidad arrancada a la tierra.

Un abanico extenso en la muestra, una veintena de piezas, torsos que se defienden de las miradas con armaduras imposibles, con texturas mates, rugosas que atrapan y retardan a los dedos o el brillo untuoso que incita a la deslizante caricia. Gimnastas que siguen el ritmo del movimiento y el equilibrio para romper el aire y saltar a nuestros ojos en una hermosa y arriesgada pirueta estética.

El artista conoce como siente y respira la materia, oye sus susurros y nos cuenta, con el peculiar trabajo de sus manos, el lenguaje universal de la tierra; y él, buen conocedor de su oficio, nos lo traduce en distintas piezas con la complicidad del espectador. Este malagueño trabaja la piedra oscura de Aragón, aúna los sueños, llenos de brisa y sol del sur, con la tierra abrupta y seca del norte para dotar de una nueva y hermosa realidad, llena de mestizaje, a su obra.

Libre y autodidacta marca el camino, con las huellas de sus propios pasos, en una escultura personal y característica que huye de caminos trillados. Como bien expresa Vilém Flusser, en "El gesto de hacer", las manos se buscan a través del objeto, para reinventar la realidad y llegar a conocerla en su búsqueda, y en la dificultad de la abstracción encuentran nuevos caminos, que surgen ante la imposibilidad de la perfección absoluta.
Casamayor abre ventanas hacia todos los horizontes buscando el punto de fuga de las miradas, el escape hacia el infinito que siempre, de alguna manera, todos añoramos.

©Ángela Ibáñez
Vicepresidente
Asociación de Artistas Plásticos Goya-Aragón
LA PIEDRA, ESENCIA DE SUEÑOS.
Texto para el catálogo de José Casamayor
Exposición de escultura. Galería Salduba. Zaragoza.
30 Noviembre 2004 / 20 de Enero 2005

ESPACIO, EL SUEÑO DE LA MATERIA

"Nada y así sea", duro y demoledor libro de Oriana Fallachi, muestra el caos del hombre en una época, tan sólo hace unas décadas, y aunque para algunos ya es del pasado siglo, no se halla tan lejos de nuestra realidad.

Pero del caos interior o exterior surge la creación. Sea humana o divina, las referencias al inicio del cosmos en todas las culturas se aproximan, en el principio era la nada y de allí surgió el cosmos. Así del vacío, de la nada surge la materia, y el hombre primero la capta, la aprecia, la valora y luego la transforma para volver a representar su inicio. El vacío, la nada que atrae e inquieta.

La escultura desde sus orígenes se debate entre esas dos posturas crear y recrear, transformar buscando ese inicio-fin, creación-destrucción de la materia y de todo ser vivo que la consume y la genera.

De ello no se escapa Giuseppe Strano que se deja empapar por esta contradicción creativa, obsesiva búsqueda del dolor que le atrapa hacia lo oscuro, el negro, la muerte y la pugna constante por la vida, la sangre, los destellos de luz del naranja y sus matices dorados de resina solar, que le alejen de las sombras y sus espectros.

Nada entonces queda al azar, pues definimos la pieza según los personales códigos de cada uno; las asociaciones culturales, existenciales, psicológicas, las fobias y las filias salen de las cavernas haciendo que amemos u odiemos o; simplemente despreciamos lo que vemos. Pero también la forma, la materia renace sólo al ver, tocar, sentir, dejarse llevar por las sensaciones primarias, sin referencias culturales añadidas que, a veces, sólo edulcoran artificialmente la realidad.
Strano con su escultura no deja indiferente, nos provoca con sus preguntas; articuladas en formas, en espacio, en lo que llena o lo que vacía. A veces incluso con la sombra que proyecta, en el suelo o en las paredes, esa sombra persistente que siempre nos persigue, que sigue inseparable nuestros pasos; que, sombra al cabo es representación plana gracias a la luz, que al ser su inversa le da equilibrio y sentido existencial.

Disquisiciones particulares, y por ende universales, sobre las dudas metafísicas de la materia, la vida, la muerte, el conocimiento. Un tanto nihilista a veces, sin embargo aferra su mano a la materia de la vida, sin romper el nudo vital, que lleva a la desesperación y a la destrucción.
Cercano al zen pero sin la quietud y el equilibrio estático que ello supone, sus esculturas, sus instalaciones son más telúricas, más sísmicas. Oscilan, se mueven por dentro de sus propias preguntas. No llevan a la sedación, al nirvana sino a la inquietud que propicia el cambio, la revulsión.

Su recorrido vital ha tenido encuentros, juegos de seducción con el teatro, con la literatura. Nada es ajeno a su curiosidad y su búsqueda. Constructor de sueños propios y ajenos; articulando en ellos encuentros, montajes, que posibiliten la cristalización de otros creadores acercándoles en el tiempo y en el espacio, confluyendo con ellos en un punto común: la generosidad abierta del creador sin límites.

Desde el inicio de su trayectoria trabajó e investigó con los metales, coqueteó con lo figurativo y el bronce en piezas breves de grácil resolución formal, para evolucionar hacia la heterodoxia y la búsqueda, que es el reto de todo creador. Y facilita que, una vez ha encontrado su camino, evite convertirse en un clónico de si mismo, repitiendo su obra de manera seriada hasta el infinito. Éste afortunadamente no es el caso, la vida cambia y la obra también, lo que es por otro lado señal de evolución y de compromiso vital con lo que le rodea.

La palabra proyectada en la materia la completa, la redondea, aunque poniéndole límites y dirigiendo la mirada, la encauza, le da un sentido para que no se desboque y anegue al espectador.
El autor crea también la obra dirigiendo la mirada, en un ángulo, en una dirección concreta, en la que previamente ha mirado, ha dispuesto la materia y el espacio en que vacío o lleno la construye y la completa al contemplarla en el lugar y dirección adecuada.
Ejercicio importante en la escultura dónde el vacío cuenta tanto como el espacio ocupado y la conjunción de los dos articula la palabra misterio, atrapando al que lo percibe.

Los materiales que emplea, en su ejercicio de hacer soñar la materia, son variados y heterodoxos, cualquier elemento sirve si es adecuado para el ojo y la sensibilidad del que lo encuentra. El alabastro y la transparencia de la luz en sus texturas fibrosas, la solar resina que destella transparente, traslúcida u opaca la luz anaranjada de la vida.
El sempiterno negro en la madera, en la laca, en la pintura, ese agujero negro que lo capta y lo absorbe todo. Todos los colores caen en él y lo hacen pesado y profundo hasta tocar el subconsciente; para dar un talonazo al tocar fondo y volver con fuerza a la superficie, recordando a Valery, y su poema Semiramis la pugna entre la tiranía y el amor a lo bello; y respirar de nuevo intensamente el rojo y su efusión vital.

Strano, mediterráneo a ultranza muestra la pasión y la tragedia griega sin miedo al grito y a la descompostura, al esperpento, al luto y al desasosiego sin perder la risa y el horizonte de la locura.
El Minotauro y su laberinto, círculos de colores que se prolongan y se cierran en sí mismos. En Creta, en Sicilia o en cualquier isla, que supone el ser humano; múltiple en sus obras, pero aislado en el mar de su mente. Lleno de luz y de sombra, de alegría vital y de tristeza profunda por lo que fue y no será. Y la suprema calma, la paz infinita, cuando la idea tras el parto brota a borbotones en las manos, materia, forma o cadencia de la nada.

La reflexión , lo que es y lo que nos parece, centra el título de la exposición. Lanza, certero reto, al espectador que, como en todo acto estético, completa la obra cerrándola en su contenido formal, dotándola de personal interpretación y sentido. De la mano de Pirandello empieza la farsa: Así es , así os parece...

Se alza el telón, pasen y vean...

©Ángela Ibáñez

ESPACIO, EL SUEÑO DE LA MATERIA
Texto para el catálogo Así es... si así os parece
Casa de los Morlanes.
Edita Ayuntamiento de Zaragoza
25 Marzo/4 Mayo 2003

1.1.06

TUAPELLE



La piel, página de papel para escribir caricias.
La piel, partitura para interpretar la música de los besos.
La necesidad del otro surge del propio yo, de su identidad y de su complementariedad.
La piel, lo que une y lo que separa, el límite físico del ser. Lo que posibilita el abrazo, lo que hace que estemos cerca, incluso íntimamente unidos; o lo que pone barreras y diferencia el espacio que ocupamos.
La bolsa que contiene la materia que nos vive y que poblamos, la esencia que nos mueve. La superficie eterna que poseemos cada día, millones de kilómetros de poros y folículos que convierten nuestro cuerpo en valles y llanuras, en bosques y desoladas planicies; pero sobre todo en el espacio cóncavo-convexo, vacío que completa la energía en su breve unión, el yin y el yan.
Lo que se convierte en canon de belleza o de repulsa según tengamos el día, la época, el espejo o la compañía.
Tu piel, la piel del otro, que es más mía, más nuestra porque la complementa en su esencia y en su disfrute. El placer, la calidez, la ternura, la tranquilidad que proporciona a todo ser humano sentir cerca a otro cuerpo humano.
La piel que miro, que toco, que disfruto o que sufro ( sobre todo por su ausencia) no es la mía (que siempre va conmigo); es la del otro, la que crea el vacío.
Tú, que eres el otro, que eres la otra: tuapelle.
El celofán biológico, transparente y bello, que nos protege, que evita que nos desbordemos, que nuestra agua salada, de besos y lágrimas, se desparrame.

©Ángela Ibáñez

TUAPELLE
Texto para la exposición "Tuapelle" de Ángela Ibáñez
en el Otoñó Fotográfico de Huesca. 2003

Imagen:
Cuerponube ©Ángela Ibáñez

PALABRAS PARA UNA EXPOSICIÓN


La música pone vibración en el aire, con la emoción de las obras, y las hace volar, como hace Mussorgsky en ¨ Cuadros de una Exposición". El enmarcar con palabras una muestra es fijar el punto de vista con el foco de luz de las ideas.
Poner letras, palabras, a las imágenes es delimitar su espacio y su contenido, es dirigir el ojo del espectador hacia la dirección que nos interesa. Es abrir y cerrar el abanico de las posibilidades estéticas en un aleteo de pestañas que filtra la luz y el color, que redefine la forma.
Pero crear imágenes para las palabras es ampliar el horizonte de las miradas, José Antonio Conde pone delante de nosotros todos sus OCELOS para que abramos bien los ojos, los del cuerpo y los del alma, y nos dejemos impregnar por la sensibilidad y la plasticidad que destilan sus collages. Imagen-palabra, palabra-imagen; lo que define o lo definido.
En todos los cuadros brotan estructuras espaciales de color y geometría, que llenan o vacían superficies planas, que navegan por todas las tormentas del ser, de su fisonomía, de los gestos y las preguntas, de los ojos que contemplan desde dentro y fuera del cuadro, en un juego de espejos y múltiples realidades creativas.
Conde retoma la técnica del collage, tan apegado a las viejas vanguardias literarias y plásticas; interpolando, más allá de la línea y el dibujo, el color y los planos.
La arquitectura fraccionada de la realidad, visión de la imagen rota y multiplicada. Deconstruir, romper, para con los múltiples trozos abstraer del caos una nueva realidad. Sencillez y fuerza. Sugerencia.

Ocelos para mirar y para mirarse…

©Ángela Ibáñez


PALABRAS PARA UNA EXPOSICIÓN
Texto para la exposición de collages "Ocelos" de José Antonio Conde.
OCTUBRE 2005